Rock ‘n’ Roll Madrid Maratón 2013: Mi primer maratón

Mi crónica en 42 Km y 195 metros.

En la feria de corredor con Mamen, David, Pytu, Rosa y Edu. Cuánto por aprender de ellos.

En la feria de corredor con Mamen, David, Pytu, Rosa y Edu. Cuánto por aprender de ellos.

Semanas previas: 12 semanas no específicas pero sí con mucha preparación específica sobre todo en las últimas 6. Con un esguince incluido. Animando en el maratón de Sevilla como motivación (por aquel entonces veía tan lejos hacer algo parecido…). Con masajes. Con una aventura cumplida, el Camino de Santiago corriendo junto a Edu, que me ha servido para mucho más de lo que pensaba, de cara a terminar el maratón. En definitiva, más kilómetros que nunca, entrenamientos largos y duros, pereza salvada con motivación y ganas y aprender a disfrutar del camino hacia el cumplimiento de un reto.

¡Vaya equipazo - y eso que faltan muchos - y vaya recorrido!

¡Vaya equipazo – y eso que faltan muchos – y vaya recorrido!

La salida: después de encontrarme con gran parte del equipo y de darnos numerosos ánimos bajo un ambiente de nerviosismo y excitación, dejo a Edu pendiente del caótico ropero. Una última visita al baño, acceso al cajón y de repente reparo en que estoy en la salida del Maratón de Madrid. Me emociono, guardo silencio y levanto las manos por las victimas de Boston. No oigo la salida pero ya la han dado. Comienzo.

6 maratonianos = 6000 pulsaciones por minuto en ese momento ;-) Esto empieza.

6 maratonianos = 6000 pulsaciones por minuto en ese momento 😉 Esto empieza.

Km1. 5’45”, perfecto. Ritmo crucero cogido desde el primer Km. y sensaciones correctas. No puedo pedir más.

Km2. Ramiro me ve y me grita: “¡Elenita!, ¿cómo vas?, ¿estás bien?”; “Bien Ramiro, muy bien?”; “¿Y los demás?”; “Ni idea”.

Km3. Sigo mirando el reloj, sigo a ritmo en la subida hacia Plaza de Castilla, controlando no subir de pulsaciones. “¡Eleeeennnaaaa!” Grandes los ánimos de Cristina Rozalen.

Km4.  Nos despedimos de los que corren la carrera de 10. Algún madridista de corazón y algún otro de rabia atlética; gritan. El Bernabeu escucha. Voy tan sobrada de ritmo que me da para pensar dónde colocarme en cada momento. Elena, ponte a la derecha que  pronto verás a Carlos y a Cris. ¡Allí están, no falla! Levanto el brazo, me ven y empiezan a gritar. Fotos de Carlos y ánimos de Cris y Laura. Empieza su periplo. Poco después, veo a Edu, ¡qué alegría! no habíamos podido despedirnos en la salida. Corre unos metros conmigo, me dice que se queda con mi número del ropero y que todo va bien. Yo también lo estoy. “Luego te veo, voy a ver a Pytu”. ¡¡¡VAMOS!!!!

Km5. No necesito agua pero hago caso a todas las recomendaciones y bebo al pasar por Plaza de Castilla, efectivamente, llevo la boca seca por los nervios de la salida. Ya no los hay, como me dijo Ramiro: “en cuanto empieces a correr, los nervios se van”. Final de la subida. Elena, aguanta los caballos que has ido a la media prevista en subida y llegan las bajadas y los toboganes.

Km6. Dicho y hecho. Inevitablemente me acelero. Sigo cómoda, muy cómoda, intento retenerme. Uf, qué difícil me va a resultar retenerme hasta la media – recuerdo a Mar constantemente. Elena,llegas muy bien, hazlo, sino te pasará factura.

Km7. Voy bien, muy bien, fresca como una lechuga. Controlando no pasarme pero inevitablemente pico en 5’30” cuatro kilómetros. De nuevo Cris, Carlos y Laura. Les sonrío, me sonríen, pero sabemos que eso no durará siempre, son muchos años viendo a Edu en este punto y viéndole mucho más adelante, y la cara siempre cambia. Cris grita: “¡Mi hermana está al final de la calle!”.

Km8. Subidón al dejar el Paseo de la Habana y entrar en Pío XII, lo subo a ritmo, cómoda. Y efectivamente ahí está María. No me ve. Levanto el brazo, me ve, abre los ojos de la emoción y con fuerza suelta un “¡Teeeee quieeeroooo!”. Impresionante. No me estoy enterando de los kilómetros y encima voy de subidón.

Km9. Bajadón hacia más toboganes. Como diría Chema Martínez, no pienso, corro.

Km10. Vuelvo a ver a Cris y a Carlos. Vaya paseos que se están dando, y con el frío que hace… Entre muchísima animación gritan, hacen fotos, me devuelven la buena cara que debo de llevar; y Cris me vuelve a gritar: “¡Te veo en Nuevos Ministerios y Carlos en la Casa de Campo!”- ¿Cómo? Me pregunto. Pero si llevan a Laura a cuestas… En esas, bebo del 2º avituallamiento un sorbito y pienso en lo animada que está siendo la carrera. De momento ni una banda de música parada mientras he pasado yo.

Foto cortesía de Carlos López Navarro

Foto cortesía de Carlos López Navarro

Km11. Tobogán. Elena, tranquila, que aquí se vuela, pero ya llevas una hora, y eso más tarde o más temprano pesará. De momento, lo más difícil está siendo retenerme, cuando pienso que a los de la media sólo les queda la mitad y seguro que irán pasando rápido a mi lado. Elena, tranqui. Entre tanto diálogo interno me doy cuenta de que voy algo tensa preocupándome tanto de no acelerame y decido seguir así pero intentando relajarme para disfrutar todavía más del ambientazo.

Km12. Comienzo el puente que siempre he querido pasar corriendo. ¡Pero de dónde ha salido tanta gente! Impresionante Raimundo Fernández de Villaverde. Al comienzo, allí está Raquel Chamón con una gran sonrisa y sus ánimos, después Cris llega por los pelos a la puerta de El Corte Inglés, la veo, me ve, me anima desde abajo y la gente flipa con sus ánimos, su mochila con Laura y conmigo. Buenísimo. Veo a Cristina Martín, que apenas me ve. David “el torero” cámara en mano. Inevitablemente me acuerdo de mis suegros, estoy en su casa. Seguro que lo estarán disfrutando por la tele. Con todo esto ni me entero de la subida.

Km13. ¿Ya he pasado Cuatro Caminos? Ostrás, sí, es esa plaza abarrotada de gente y con una banda de música. Pues en nada veo a Juanra. Allí está, y sorpresa, con Edu. Me pego a la izquierda, les aviso y me animan. Edu corre unos metros conmigo. “Cómo vas”. “Muy bien, pero creo que me estoy pasando de ritmo aunque intento no acelerarme”; “Se te ve muy bien”; “He acompañado a Pytu, va genial; ¿Qué quieres que haga?; ¿Bajo para Bilbao a animarte?”.”Sí, sí, voy muy bien”. “¡TRANQUILA, aprovecha para relajar y soltar en Guzmán el Bueno!”. “Por cierto, tu hermana – corría la media – va delante, a 100 metros, y Alicia como a unos cuatro minutos. Van muy bien”.

Km14. Paso por Vallehermoso y me vienen mil recuerdos de mis años de atletismo del instituto.

Km15. Pienso en Gaztambide, un lugar de casa, y sigo bajando hacia la famosa curva con Alberto Aguilera donde siempre soy yo la que anima. Los pelos de punta. En el 14,500 me he tomado el primer gel, cojo agua y lo paso mejor que solo. Car bien al estómago.

Km16. Edu rueda a mi lado. “Tienes a tu hermana a 40 metros. Ahora se separa la media y la maratón. Disfruta de este tramo que es alucinante, de lo mejor. ¿Te veo en Ferraz?”. “Sí, pero en el 20 entra y acompáñame” – le contesto. “Perfecto, allí te veo”. “¡Disfruta este tramo, disfrútalo!” Comienzo Fuencarral con los ánimos inesperados de Laura, la mujer de Micra. ¡Qué ilusión cuando la escucho que se me ve muy bien!.

Km17. Zona peatonal de Fuencarral, empieza la fiesta. ¿Estoy bajando por pleno Gran Vía?

Km18. Preciados. ¡Qué corto se me hace! Sol, ¡UUUUFFFFF, sin palabras! Los pelos de punta. Una imagen que jamás olvidaré. Palmas a tope, música, ánimos…continúaa así durante toda la calle Mayor. Suelto brazos.

Km19. Llegamos a Bailén y al paso por la Catedral de La Almudena me alcanza Raúl. “Elena ¿qué tal, algún dolor? Te veo muy bien”. “¡Sí, ninguno, muy bien!”; “¡Ánimo, venga, eh!”. Me adelanta y me concentro en el adoquín, no quiero pisar mal y fastidiarme. Pienso en las palabras de Raúl y hago un chequeo mental. Quizá sí, noto un poco el gemelo drechoy el isquio izquierdo, pero son sensaciones. Muscularmente todo Ok.

Km20. ¿Qué hacen Cris y Laura ahí de nuevo?; ¡Qué barbaridad, pero cuánto me alegro de verlas! Edu se suma a mi ritmo, y desde aquí me acompaña hasta el final.

Km21. Este repecho empieza a hacérseme algo pesado. Arco de Media Maratón. Vemos a Rafa, calentando, bailando, animando. Nos pregunta por Manuel, el acompañará hasta el final.. Empiezo a notar las piernas algo cargadas. Claro, si es que llevo 21. “Edu, ayúdame con el ritmo”. “Tranquila, vas muy bien”. “Pongo el crono en hora normal y ya no lo miro más, llévamelo tú; “Perfecto”. Allí está otra vez David con su cámara y sus ánimos.

Km22. “¡Qué bien regulas Elena, qué bien! Tranquila que en esta bajada aprieta mucha gente a la que pasarás después” – me dice Edu.

Km23. Me adelanta Manuel con Rafa. “¡Elena, cómo vas, jolín, qué bien te veo, vamos!”; “¡Vamos Manuel, te veo en meta!”.

Km24. Qué pesada se me hizo la Avenida de Valladolid. Una recta eterna y aburrida. Edu me anima diciéndome que el 25 está ahí mismo y que enseguida ya entramos en la Casa de Campo.

Km25. El kilómetro de las Cristinas. Justo antes de llegar Cristina la enfermera que espera a Mar me anima, ¡qué bueno verla! Quiero preguntarle por Mar, por Toñín, por Ricardo… les tengo permanentemente en la cabeza, pero por miedo a que me diga que algo ha pasado no pregunto. Comienza un pasillo a lo Tour de Francia en etapa reina. IMPRESIONANTE. Lo comienza Cristian Rozalen de nuevo, con unos ánimos que me vuelven a saber a Gloria, y Cris con Laura que de nuevo aparecen y que por la tarde me confesarán que me vieron con una cara muy diferente a la de Km anteriores. En pleno paso me acuerdo de Raquel de Juanes sabiendo que estaría allí después de acompañar a Mamen. La veo. Subidón. ¡¡Raquel!!; ¡¡Elena, vamos!!. Bajamos hasta Madrid Río, bebo agua y entro en la Casa de Campo. Empieza lo desconocido, correr más de 25 km, correr más de dos horas y media seguidas.

Km26. “Edu, prepárame un gel”. “Claro, verás qué bien te viene a la salida de la Casa de Campo!. Subida mortal tan conocida de mis rodajes en solitario, la solvento bien, pero empiezo a notar que no voy tan fina como antes. Pienso entonces para qué valen los rodajes largos de los domingos después de una semana de entrenamiento de carga. Para esto, sí, para esto, para aguantar el cansancio con cansancio en las piernas, tú que no debes hacer en entrenamientos tiradas más largas que esto. Y efectivamente, esto será lo que haga que la termine. Qué importante es querer aprender, tener paciencia y hacer caso a los que saben en los entrenamientos.

Km27. Veo a Silvia, la amiga de Marta y Fer, ella a nosotros, y nos anima. Deseo ver a Carlos para que alguien más me anime, lo necesito, creo que por aquí lo voy a pasar mal.

Km28. Mal. Me paro a beber tranquila el agua que he cogido en el 27.5 mientras doy unos pasos y retomo el ritmo enseguida. Edu me anima con mucha fuerza, me hace ver todo lo que he hecho ya. Me anima con todo lo que puede, sabe que empiezo a no ir bien, y me hace darme cuenta de lo que estoy haciendo diciéndome que hasta él está emocionado. Y lo está.

Con Edu. Foto cortesía de Carlos López Navarro

Con Edu. Foto cortesía de Carlos López Navarro

Km29. Ahí está Carlos, ya no le sonrío como antes cuando me hace la foto, me dice que en un kilómetro me ve de nuevo. Voy peor de cabeza que de otra cosa, pero también me duelen las piernas. ¡Mierda, no he llegado al 30 en condiciones! Camino, niego con la cabeza, pienso en la parada de metro del 31 y Edu me grita con fuerza. ¡Vamos Elena, VAS MUY BIEN, PERO QUE MUY BIEN!, ¡HAS VENIDO A TERMINARLO Y VAS A TERMINARLO PORQUE ES LO QUE QUIERES! Vuelvo a correr y me pongo al mismo ritmo de antes. Han pasado unos segundos pero se me hacen eternos.

Km30. Vuelve Carlos. “¡Vamos cariño, es dejo, VENGA, luego os llamo!”. De repente veo a  Irene, sigo y me vuelvo al escuchar mi nombre con fuerza, Mónica Ayerra me anima, ¡cuánto tiempo y qué ilusión que me devuelva los ánimos de años anteriores! Pensar que ahora soy yo la que está aquí me hace olvidarme de la parada de metro de Lago y sólo sigo adelante con un chip mental nuevo. Edu me grita: ¡MIRA TODA LA GENTE QUE HA SALIDO, HA SALIDO A ANIMARTE A TI!

Km31. Estoy saliendo de la Casa de Campo. ¡Qué de gente!, ¡qué animación!, y, ¡qué tocados vamos todos! De nuevo David; buena paliza se está dando, pero me alegra mucho verle, y pienso que eso es que Mar sigue en carrera.

Km32. He cogido marcheta y miro la hora. “Edu, llevo más de 3 horas corriendo”. “¡Pues claro, joe, mira lo que has hecho. Y empieza tu barrio!, pero…¡¿tú has visto dónde estás?!” Pienso en que “sólo” me quedan 10 km y en que por mucho que sufra voy a terminarlo. Me olvido de los durísimos últimos 7, me olvido de todo y continuo al ritmo del principio.

Km33. Entramos en Ermita del Santo y no se me hace largo, quizá porque me voy entreteniendo con imágenes que intento ir borrando de mi cabeza porque no deseo que me pasen a mí. Atletas parados, gritando de dolor por problemas musculares, intentan estirar para poder seguir.

Km34. Veo el Vicente Calderón y el puente de San Isidro. Espero ver a alguien conocido que me anime (llevo varios kilómetros sin ello y me parece raro. “El año pasado estuvieron Marta, Rafa y María” – pienso – pero no les veo. Da igual, pensar en ellos y en el resto del grupo me anima mucho). El viento pega de frente, muy frío, muy abierto. Hay que cruzarlo pero sé que no enfilo hacia El Retiro sino de vuelta hacia el Puente de Segovia. Mentalmente esto es duro. Le pido a Edu que me prepare el tercer y último gel – le queda uno más – pero quería seguir con la idea inicial de tomarlos en el 15, 25 y 35, y aunque no me apetezca nada ingerirlo espero al 35 para tomármelo. No me entra nada pero me vendrá bien.

Km35. Pienso en Isa al pasar por la puerta de su casa y en cómo me animaría si estuviera en Madrid. Pienso en muchos amigos, y en los mensajes que me llegaron el día anterior de ánimo. Cuando me quiero dar cuenta estoy pasando el 2º momento más chungo. Paro a caminar para poder beber tranquila y tomarme el gel. Reanudo la marcha y cuando me quiero dar cuenta he vuelto al ritmo bueno, cuesta arriba, pero noto que empiezo a recuperarme.

Km36. Repecho importante y Edu no deja de animarme. ¡Mira dónde estamos!, ¡tu barrio, vamos, vamos, vamos! He llegado a la Cuesta de la Vega y estoy adelantando corredores.

Km37. Sólo pienso en enlazar el pasillo verde con Acacias, con la Plaza de Ortega y Munilla, porque sé que en el 37.5 estará mi madre, fiel, en su sitio de siempre, esperando paciente, como cada año, pero esta vez es para animarme a mí. Me da la sensación de ir rápido queriendo llegar a verla, hay mucha animación, tomo la curva a izquierdas de Acacias como una exhalación y allí está. Me ve, me enfilo hacia ella, me entra la llorera de estar en casa, de verla. Me paro a abrazarla. “¡Venga, ¿estás bien?!”; “Sí, sí”. El público nos aplaude y observa la escena con emoción (son 2 segundos pero me parece mucho más). Continuo, miro a Edu y también se ha emocionado. Me sonríe y me grita: “¡Elena, con ese abrazo hasta el final!. Sabe que lo estoy sufriendo desde la Casa de Campo, pero al decirle frases sueltas como “esto es muy duro” siempre me encuentro con un “tú sí que eres dura” o ánimos similares. Nunca le había visto así, una mezcla de orgulloso, de satisfacción, de…

Km38. Mi cole, mi instituto… y miro la hora – no el crono -, Edu les dijo que pasaría por Embajadores a y 37’ pero es más tarde. Busco lo que sé que voy a encontrar, porque nunca fallan, porque siempre están, porque necesito que estén para que griten mi nombre, y antes de verles ya les estoy escuchando. Paloma, César, Elena, Maribel, Óscar y Marcos sonriendo y gritando a muerte. Les paso y veo a Raúl, que me había pasado en el Palacio Real, va tocado acompañado por Javi. Le empujo, le animo: “¡Vamos Raúl!”; “¡Vamos Elena, que vas muy bien!”

Km39. Me da la sensación de que todo empieza a ir más deprisa y que desde el 37 todo va mejor, que ya nada va poder conmigo. Edu sigue animándome “ya está, ya está, qué bien vas, estás en el ritmo”.

Km40. Termino la cuesta de la Ronda de Valencia, supero el Reina Sofía y veo de frente a Carlos Maratones. ¡SUBIDÓN! Me encanta verle siempre. Me había dicho que no sabía si le daría tiempo a verme, que cuando terminase de acompañar a Mamen bajaría en sentido contrario al maratón a ver si me veía, que trabajaba por la tarde, que no le daba tiempo a más. Y allí estaba, prefirió quedarse a verme e irse al curro sin comer. Corre unos pasos con nosotros con su eterna sonrisa y me grita: “¡Elena, créetelo, eres maratoniana!”. Los pelos de punta sólo de recordarlo. Y a 50 metros, allí están mi hermano Lorenzo con mis sobris Mateo y Lorenzo; les lanzo un beso y me gritan: “¡VAMOS ELENA, VAMOS TíA!”, ya más subidón es imposible. ¡Qué importantes son los ánimos en esta carrera! No los había valorado tanto nunca. Sigo oyendo mi nombre, es Mateo que se ha arrancado a seguirnos prudentemente por detrás del público, le saludo y al poco para.

Dejo atrás la glorieta de Atocha, hay mucha gente, escucho la banda de música, la gente me anima y Edu me dice: “Que sepas que te acaba de animar Jesús España, casi nada”.   

Paso por delante del Ministerio de Agricultura y unas chicas me animan por mi nombre, no las reconozco pero Edu me dice que deben de ser del grupo de los entrenamiento de la Carrera de la Mujer. Les sonrío y enfilo el repecho más duro de Alfonso XII.

Me autoanimo para adentro: ¡Vamos Elena, que al final estarán Paloma y Alicia! Veo a Mar, y al poco a las dos. Mi hermana Paloma me ve y se arranca en gritos, me pego al lado donde están les hago un gesto de fuerza y las dos se dejan todo animándome. Ya estoy, ya estoy.

Km41. Llego a la puerta de Alcalá y empiezo a no creérmelo. Raquel Chamón otra vez, junto con Irene de nuevo, vuelven a animarme; verlas allí con esa alegría me contagia. Me pego a Edu, le cojo del hombro y le doy las gracias.

Despidiéndome de Edu y dándole las gracias antes de entrar en El Retiro.

Despidiéndome de Edu y dándole las gracias antes de entrar en El Retiro.

Él me dice que no me olvide de disfrutar de lallegada, que en la Puerta de O’Donell me deja – no puede entrar sin dorsal -. Que ya estoy, que ya está hecho. ¡Qué emoción y qué subida! Veo a Cristina Mitre y a Clara Montoya de #mujeresquecorren con el megáfono. Las reconozco y Clara con la cámara en mano me anima. Estoy llegando a la entrada del Retiro. Edu no deja de gritarme, está feliz y yo también. Me deja en la puerta, me anima y me grita que me quiere.

Entro y se me vienen a la mente muchas imágenes pero sobre todo uno de los últimos entrenamientos con Pytu donde enfilábamos esa recta y me decía: “este es el final Elena, este es el final, ¿sabes qué subidón da?”. Él ya había pasado por allí nada menos que una hora y media antes. Juan Carlos Torres ‘Pytu’. 2º madrileño, 5º español, 17º de la general. A ver cuándo corren Edu y él un maratón juntos, puede ser la caña verles y animarles juntos.

Km42. ¡Madre mía, qué kilómetro tan largo!, qué razón tenían los que me lo decían. En esto que veo los arcos al fondo y escucho a coro, potente, enorme, mi nombre. Ahí está EL GRUPAZO: Veo a David, a Pytu, a Noemí; sé que están Mamen – pedazo de carrera, 3h18’ con esa sonrisa permanente, casi nada -, Ramiro… y veo que han contagiado a parte del público porque muchos me gritan pero no les reconozco. Levanto el brazo y acelero. Ahora sí que sí, ya estoy.

195 metros. Un arco, dos arcos. Aplaudo, levanto el puño, pienso en Edu, por un momento pienso en un inexplicable ‘¿ya se acaba?’, por un momento no quiero que termine, no esa carrera sino todo lo que ha llevado consigo. He disfrutado tanto este tiempo…He crecido tanto… Levanto los brazos feliz y cruzo la línea de meta..

La Meta. Quiero y paso por todo el ritual soñado: me dan agua, powerade azul, plástico que me atan al cuello para abrigarme, miro a las vallas, miro a mi alrededor… Me duelen las piernas. Llego a la zona donde dan las medallas y me la dan envuelta. Dejo las botellas apoyadas para abrir el plástico y ponérmela, quiero ponérmela. Me ve una voluntaria de la organización que las está entregando, deja lo que está haciendo y me pregunta: “¿Te la abro?”; “¡Sí, por favor!”; Me pregunta si es mi primera maratón, le digo que sí muy emocionada, me sonríe y sin decirle nada me la pone ella misma al cuello mientras me da la enhorabuena. Ese momento tampoco lo olvido.

Camino despacio, pienso en la tremenda suerte que tengo con tanta gente que me quiere, que ha podido salir a animarme o no, pero me he acordado de todos y he pensado en ellos para hacer más liviano el camino. Veo a Edu detrás de una valla custodiada por seguridad, qué contento está. Avanzo lentamente y paso de la interminable y lentisima cola del avituallamiento sólido, la verdad es que no siento necesidad de comer nada, quizá sí de beber un poco, aún así puedo coger dos plátanos. Miro a ver si veo las carpas de los fisios por saludar a Carlos Herrero que está de voluntario fisio y que está pendiente de mi, pero no lo veo. Recojo mi mochila en el ropero y salgo. Alguien me grita, es Manuel, tiritando de frío y rodeado por sus cuatro hijos. Espera a su mujer. Qué alegría verle. Hablamos, compartimos impresiones y mientras me empiezo a cambiar llega Edu y nos abrazamos largo rato.

Una vez abrigada y habiéndome despedido de Manuel y de su familia empezamos a caminar y llama Ramiro para ver qué tal estamos. Nos acercamos al bar donde están resguardándose del frío y celebrando la mañana. Nos reciben muy contentos y me felicitan. Pregunto por todos y a todos les ha ido muy bien: Pytu, Raúl, Bisbal, Jolo, Torres, Jorge, Micra y Perdi, Mamen, Rosa… Mientras nos tomamos una cerveza Edu contesta un montón de llamadas de familiares y amigos interesándose por mí. ¡Qué suerte tengo! Nos despedimos y cada uno se va a su casa. Extraña sensación la de llegar a casa y pensar que sí, que ya ha pasado.

Celebrándolo con David, Edu. Pytu, Mamen, Noe y Ramiro.

Celebrándolo con David, Edu. Pytu, Mamen, Noe y Ramiro.

Hoy sigo emocionada recordando momentos y no quiero que se me borren, aunque creo que no se me olvidarían aunque quisiera. Disfruto pensando que prácticamente a todos los del equipo nos ha salido tan bien, o al menos que estamos contentos. Hasta el martes he seguido durmiendo poco porque me despertaba encantada con imágenes del domingo y con sensaciones de momentos concretos. Después del domingo y el lunes bajando escaleras al típico estilo maratoniano, ayer rodé media hora y salvo un cuádriceps algo cargado me encuentro mu y bien. Pero sobre todo, tengo unas ganas tremendas de repetir. Creo que en realidad lo que me pasa es que aunque la meta me sabe a gloria, he aprendido a disfrutar el camino. Por eso seguramente esta crónica sea tan interminable.

Elena, una maratoniana.

Una medalla muy mía. Tres EMES: Madrid, Maratón y Música.

Una medalla muy mía. Tres EMES: Madrid, Maratón y Música.

Elena Benito Cases terminó la Rock `n´Roll Madrid Maratón 2013 en un tiempo de 4h08’28”, en el puesto 6783 de la clasificación general, cruzando la línea de meta como la mujer 304 y la 93 de su categoría.

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