XIV Media Maratón de Getafe – MMP

El pasado domingo me lancé con muchas ganas a la conquista de Getafe. Que yo diga esto – para quien me conozca – es más que curioso, ya que mis allegados saben que este municipio no es que me guste especialmente, por diversas y variadas razones. Es un lugar controvertido para mí, unas veces muy querido por las relaciones que en él establezco y por todo lo que aprendo a diario, y todo lo contrario por numerosas y variadas sinergias conscientemente subjetivas, pero que por ello no se torna en positivas.
Así que como lugar que asocio a correr, lugar que asocio a aquello que me satisface, en cierto modo me lancé a una reconciliación al menos con el entorno 😉
Es una media a la que había venido de diferentes maneras: en el 2008 como animadora y fotógrafa al poco de conocer a Edu, momento en el que hizo su vigente MMP de media, ese bestia 1h09′; en el 2009 de nuevo como fotógrafa; en el 2011 para animar a Edu y para hacer uno de mis primeros rodajes largos (12 Kms), que por otra parte fueron el inicio de una lesión; y por penúltimo, en el 2012 para acompañar a Mar 17 Kms, sin duda una buenísima experiencia, y sin duda “más miedo que vergüenza” es lo que tenía yo y por ello no me inscribí y no la hice entera.

Lo que más me echaba para atrás de esta media eran varias razones:

  1. Aspecto psicológico: El tener que dar dos vueltas a un mismo circuito, ya que moralmente me mina la no necesidad de tener que volver a meta desde un sitio lejano que me obligue a terminar una larga distancia.
  2. Aspecto estético: lo feo del paisaje, porque Getafe, bonito lo que se dice bonito… y eso que pasa por el centro peatonal, por la universidad, etc. ¿Y ese adoquinado… quién se lo habrá inventado?
  3. Aspecto físico: aun teniéndole cogida la medida a la distancia, había sufrido una gastroenteritis el domingo y el lunes anterior, lo que me dejaba todavía sensaciones de cuerpo de jota.
Antesde

Preparativos. Foto de tres craks: Edu, David y Roland mientras agachada me preparo ante la atención de Ana.

Como “pros”: el perfil, la hora, la motivación, la cantidad de gente del equipo que allí nos íbamos a encontrar y el que cada vez me encuentre más a gusto en esta distancia, entre otros.

Así afronté mi 5ª media en 10 meses, y no con cualquier objetivo: Hacer MMP, a poder ser bajando de 1h50′ (suponía rebajarle casi un minuto a mi mejor marca realizada en marzo de 2012 en Vigo) y salir arriesgando para intentar aguantar – más con la cabeza que con el corazón y las piernas – el “arreón sufriente” de los últimos 6 Kms casi en línea recta.

Concentrada en el ritmo al paso del Km.3

Concentrada en el ritmo al paso del Km.3

Y así fue, salí a menos del ritmo establecido, 5’10” el Km, pero estabilizándome en él enseguida. Disfruté de los ánimos, que fueron muchos y muy necesarios, regulé en lugares ya conocidos, me distraje al paso por el colegio y por puntos calientes – los transitados a diario cuando vengo a currar -, vi a padres y madres de alumnos – que no me reconocieron sin la “pinta de profe”-, percibí cambios en los comercios de la zona, animé a Edu las veces que me lo crucé, me dejé animar por otros corredores… e

Gracias Mar y Toñín por los ánimos y por la foto.

Gracias Mar y Toñín por los ánimos y por la foto.

incluso me dejé sufrir durante los 6 Kms finales dándome cuenta de que el tiempo no se me estaba yendo lo que pensaba.

KM.13

Kilómtero 13, comienzo de la parte más dura. Y el viento… de cara.

Aun así, en el Km.20 decidí que estaba harta de sufrir y me paré, apoderándose de mi una extraña sensación psicológica: “que sí, que esto está muy bien, que voy a hacer marca, pero ¡NO QUIERO SUFRIR MÁS!”. Menos mal que siempre hay alguien que te ve mejor que tú misma, te devuelve el ánimo y no te deja estar parada más de 4″. Me animaron, me dijeron “vamos”, me pegué a ellos, aumenté el ritmo, les adelanté y encaré la recta de meta a ritmo de 4’16”.

La alegría en meta fue proporcional al sufrimiento experimentado, y proporcional a la certeza de que si se quiere hacer marca toca arriesgar, sufrir e intentar vencer.

El fotógrafo del club 42,195 me pilló en pleno "éxtasis" tras cruzar la meta y ver el crono.

El fotógrafo del club 42,195 me pilló en pleno “éxtasis de alegría” tras tanto esfuerzo, cruzar la meta y ver el crono. Gracias a los fotógrafos de 42,195 por su extraordinario trabajo fotográfico.

Hoy me doy cuenta de que he recuperado muy bien aun sin haber parado ningún día, que me deja mayor experiencia para otras y algunas conclusiones que añado:

  1. Objetivo cumplido. Getafe 2013 = MMP con 1h49’10”.
  2. Quien va a por marca se la tiene que jugar, tiene que sufrir, y además de desearlo con muchas ganas, entrenarlo. No hay otra fórmula.
  3. Cuando tu cabeza no da para más y en los dos últimos Kms se te empiezan a ir los segundos, encontrarte con gritos y gritos por tu nombre – siempre de amarillo – dan las alas que pensaba que ya no tenía.
  4. Acabar vacía es sinónimo de darlo todo, pero deja una satisfacción por el esfuerzo realizado que pocos momentos te regala.
  5. Getafe es Getafe, queriendo o no reconciliarme con ella. Al menos, ahora, la miro con otros ojos.

Próxima parada: VII Media Maratón del Camino,  simulacro de algo bueno que más adelante llegará.

Anuncios
Publicado en Sin categoría | Deja un comentario

Termina un año, comienza otro

Parece inevitable despedir un año y dar la bienvenida a otro sin echarla vista atrás, como recuerdo de lo vivido. En mi caso intento hacerlo siempre en clave de memoria agradecida, sea lo que sea lo que haya acontecido, ya que soy de las que piensa que tengo una vida privilegiada incluso en los momentos en los que a veces la falta de tranquilidad, de timo y de ganas no ayuden a verlo.

Este año lo terminé con la tradicional San Silvestre Vallecana, que por tradicional no sigue siendo un momento especialmente emocionante. Al día siguiente de la misma compartía en mi perfil de facebook lo siguiente:

Equipo S.S.Reyes-C.Menorca San Silvestre 2012

“Llegó el 2013 pero lo recibimos después de la emoción hecha carrera de cada año. Como siempre impresionante la San Silvestre Vallecana. No hice MMP pero sabía que no la haría, que no era momento. Sabía que terminaba el año agotada, con poco descanso físico y con menos entrenamiento del que quería, peor aun así bajé minuto y medio mi mejor marca en esta carrera, la que hice el año pasado al lado de Mar, a la que eché muchísimo de menos. 49’10” me supieron muy dulces, corriendo muy regular, sólo yéndoseme unos segundos en la Albufera, pero muy pocos. Algo que también me hace ilusión, es el puesto de mi categoría Senior F, la 146, ya que todo depende de dónde salgas, etc. pero mola verlo. 

Por lo demás, la salida impresionante con esa canción cantada en directo por tres monstruas con esas voces, la primera curva con la energía de un Carlos que aunque no vi le sentí, la carrera con unas calles repletas de gente aunque con menos gritos de ánimo que otras veces, el gospel de Atocha daba ganas de pararse a escucharlo más tiempo, en Vallecas ver el comienzo de la subida a lo lejos teñido de naranja ponía los pelos de punta y llegar a meta con los gritos y las sonrisas de Paloma, César, Maribel, Óscar, Marcos, Elena, Mar, Candela, etc. como último empujón que me regalaba llegar con Susana en los último metros y vivir una llegada preciosa y muy emotiva a su lado. ¿Qué más puedo

Con Edu y Driss antes de que volvieran a la salida de la Internacional.

Con Edu y Driss antes de que volvieran a la salida de la Internacional.

pedir? Pues encontrarme con Edu antes de que enfilara junto a Dris la vuelta a la salida para correr su 2ª Sansil del día. Ya lleva 22 San Silvestres Vallecanas en 15 años, y por mucho que me empiece a acostumbrar no me deja de impresionar. 11º en la Popular con 32’18” y 34’04” en la Internacional (aunque por un error que ya hemos comunicado a la organización no aparezca en ninguna de las dos clasificaciones). Me encanta verle entrar al estadio después del ratito ya tradicional de tomarme un café con Davis, Mamen y Carlos.
Sólo queda felicitar a María y a Álvaro por su primera Sansil juntos, a Paloma y Ali porque me encanta que se hayan animado tanto a esto en los últimos años, a Raquel, a Cristina y a Pachi por esos marcones cumplidos, a Cuadrillero y a Ana Burgos por regalarnos al equipo la posibilidad de alegrarnos con sus primeros puestos y orgullecernos de un club que como mejor marca tiene es el grupo impresionante que formamos y a Pedro Sanz porque es referencia en esto y porque nos demuestra sorprendiéndonos cada año que esta es su carrera y que se puede seguir haciendo 33′ con esa serenidad del corredor respetuoso y sabio.
¡Felices primeros kilómetros de 2013!”

Realmente fue así de emocionante, y aún hoy me quedo con imágenes de esas que se repiten cada año y que siguen haciéndola especial.

Edu llegando a meta en la  San Silvestre Popular 2013.

Edu llegando a meta en la San Silvestre Popular 2012.

Pero a ese último día del año le precedieron 364, con muchas zancadas, algunos viajes y algunas experiencias estupendas.

Comencé el 2012 planteándome si sería capaz de correr una Media Maratón. Probé con los 15 Kms de Tres Cantos disfrutando muchísimo del reto, a la semana siguiente acompañé 17 Kms en la Media de Getafe con muy buenas sensaciones, me inscribí con temor a la Vig-Bay, debutando en marzo en la distancia, marcando mi actual marca en media, y lo termino habiendo corrido 2 medias más (Media Maratón de Madrid en abril, Media Maratón de Villaverde en diciembre) y los 20Kms de la Behobia-San Sebastián en noviembre. Pero lo mejor es que me ha encantado la distancia.

Ha sido un año de competir poco y de hacer más kilómetros, de disfrutar más de correr por

Última subida de la Media Maratón de Villaverde 2012.

Última subida de la Media Maratón de Villaverde 2012.

el hecho de disfrutar a través de los rodajes largos, pero también de conseguir buenos resultados y rentabilizar las ocasiones. Sólo dos 10.000, la Sansil de hace unos días y la I Carrera Popular de mi barrio, del PAU de Vallecas, consiguiendo mi MMP: 48´06”. Y para completar, los 8K de la Volta a Peu de Valencia en mayo y los casi 6K de la Carrera San José de Calasanz que organiza el cole en el que trabajo, en Getafe, cada mes de noviembre.

Pero quizás lo que más he disfrutado han sido los viajes, los destinos, algunos nuevos y otros repetidos, que he ido descubriendo a golpe de 42 y medio, pero sobre todo la compañía en estas “travesías”.

Sin lugar a dudas mi barrio ha sido el centro de operaciones, la pista de Alcobendas con la “marea amarilla” la principal aliada de calidad, Madrid Río, la Casa de Campo y el Retiro los lugares ideales para los rodajes largos, y los planes “runneros” improvisados y algo locos junto a Edu sin duda los más divertidos. No se me va a olvidar nunca esa I edición del autodenominado “Metrorun”, cuando en una noche de verano nos cogimos el metro hasta Atocha, echamos a correr haciendo el recorrido de la carrera de San Lorenzo y terminamos a las tantas en la Plaza Mayor con un bocadillo de calamares y una jarra de cerveza para volvernos “en un estado medio recomendable” a casa, en uno de los últimos metros, con esa sensación de que todo el mundo te mira raro mientras nosotros nos partíamos de risa.

Y “la crème de la crème”, aquellas zancadas “exteriores” que tanto me motivan a no cerrar nunca una maleta sin unas zapatillas y unas mallas de esas llamadas “las de por si acaso”, teniendo la absoluta certeza de que no volverán igual de limpias.

No cambio por nada del mundo, nuestra vuelta a Maderuelo en febrero, con los rodajes previos a esos desayunos de Pilar en Maderolum; poder acompañar al equipo de cross largo

Con Edu y Ramón en Roma. Julio/Agosto 2012.

Con Edu y Ramón en Roma. Julio/Agosto 2012.

del Cto. de España en sus rodajes en Castellón; los previos a la Vig-Bay con Edu por el puerto de Vigo en marzo; también en marzo en Brihuega e Irueste junto a Alberto, Nico, Álvaro y María; en Peralta de la Sal (Huesca) en abril durante la Semana Santa junto a Gerardo y a Dani; en Valencia en Mayo aprovechando el encuentro de fraternidades de las Escuelas Pías de España; Coruña en julio mientras Fabi y Lidia soñaban plácidamente; despedir el mes de julio y dar la bienvenida a agosto cumpliendo 31 en Roma rodando por el Tiber, el Circo Romano, el Foro… con los madrugones que nos hicieron disfrutar tantísimo de esa ciudad mágica y desierta al despertar, junto a Ramón y a Edu, este último repetido en todos; los rodajes suizos, en Ginebra, Berna, Zurich, Luzerna, en los Alpes (Interlaken, Lauterbrunnen, Kleinne y Leysin), en algunos de los parajes más bonitos en los que he corrido; empalmar este viaje con tierras onubenses y estrenar compañeros de ruta junto a Carlos y Juanra; comenzar el curso haciendo de guía madrileña para mis compañeros valencianos, Antonio y Manolo, antes de comenzar las reuniones de trabajo en Gaztambide; visitar Donosti y emocionarme con la ciudad y la Behobia; despedir diciembre con el frío y la ciudad de Valladolid todavía dormida…

Con Edu después de un rodaje en los Alpes Suizos.

Con Edu después de un rodaje en los Alpes Suizos. Agosto.

En fin, mirando hacia atrás no puedo sino sorprenderme de tanto recorrido, de tanto disfrutado, de tantos momentos aquí no detallados pero con mucho cariño guardados. Sólo espero que el 2013 al menos sea tan fructífero como el anterior en sensaciones, en momentos compartidos y en organizaciones imposibles para poder hacer lo posible a golpe de 42 y medio.

¡Feliz 2013!

Publicado en Sin categoría | Deja un comentario

7 de diciembre: Un día inolvidable

Si finalmente desaparece la fiebre que ayer comenzó y deseando realizar lo esperado, en un rato marcharemos hacia Granada, un nuevo lugar que descubrir a golpe de 42 y medio. La ciudad la conozco pero corriendo por allí seguro que lo disfrutaré el doble. Antes he pasado por las manos de Josito en Novafis para soltar algunos dolorcillos que han aparecido con los últimos kilómetros, la falta de descanso y la acumulación de trabajo – qué importante es el entrenamiento invisible… -.

Hoy como hace 3 años espero con muchas ganas partir hacia un nuevo destino. La diferencia es que hace 3 cruzaba el charco para 21 días en vez de para dos y medio, estrenaba estado civil y resaca de un día sumamente feliz y emocionante, y era la Patagonia la que nos habría sus fronteras.

Edu en la estación de Retiro. (Inspirador Calamaro)

Edu en la estación de Retiro. (Inspirador Calamaro)

El primer destino fue Buenos Aires como puente obligatorio hacia Usuaia (Tierra de fuego).

Cementerio de la Recoleta al atardecer.

Cementerio de la Recoleta al atardecer.

Por allí no nos dio tiempo a correr ya que estuvimos alojados en pleno centro y sólo una noche, pero sí a disfrutar de una ciudad con rincones peculiares, con un ambiente del que has oído hablar largo y tendido, lo que ayuda a ponerle imagen a tanto “Río de la plata” en tanto tango escuchado, a las madres de Mayo – ahora abuelas – compartiendo plaza con ellas ya que coincidimos el día que se manifiestaban, al típico barrio de Boca, al Cementerio de la Recoleta con sus mausoleos históricos Peronistas y demás, a San Telmo, etc.

Barrio de Boca.

Barrio de Boca.

Pero el destino deseado nos esperaba. Aterrizamos en Tierra de Fuego y allí empezó el festival.

Pudimos correr en todos los lugares donde estuvimos alojados, en unos más cerca de las zonas espectaculares que en otros, pero en todos. Pudimos “tacharnos de la lista” Ushuaia (Tierra de Fuego), Calafate (acceso a los famosos glaciares Perito Moreno, Onell, Upsala, etc.), Bariloche, Iguazú y, dando un salto mortal hacia Brasil, Río de Janeiro donde terminamos el viaje.

¿Ese año no hubo San Silvestre entonces? Eso nunca. Programamos el viaje para aterrizar el 30 en Madrid y poder disfrutar de la carrera más especial del año junto a nuestros compañeros del equipo.

Felicitándonos a nuestra llegada. Foto cortesía de Mª Ángeles Estévez.

Felicitándonos a nuestra llegada. Foto cortesía de Mª Ángeles Estévez.

Nos preparamos entre felicitaciones, pasamos en apenas horas de 35 grados con muchísima humedad a frío y granizo, pero lo vivido nos llevó a la meta.

Equipo Sansil 2009. Foto cortesía de Mª Ángeles Estévez.

Equipo Sansil 2009. Foto cortesía de Mª Ángeles Estévez.

Fue un viaje largo, espectacular, de esos que no olvidaremos en la vida. Lugares a los que deseamos volver si no fuera por el tiempo, el dinero y sobre todo porque quedan demasiados por descubrir.

En las siguientes entradas iré desgranando cada uno de ellos.

¡Buen viaje y buenas zancadas!

Publicado en Sin categoría | Deja un comentario

48 BSS – 48º Behobia – San Sebastián

¿El primer viaje de este blog? El último, está claro, el último siempre es el mejor. Lo reciente, lo último, siempre se saborea dos veces, sobre todo cuando la experiencia ha sido extraordinaria.

El viaje comenzó el pasado viernes, o quizá debería decir el pasado mayo que fue cuando decidimos inscribirnos a esta carrera tan emblemática y que con el paso del tiempo se hace cada vez un hueco más poderoso en el calendario de carreras populares.
Edu ya la había corrido en al menos una ocasión, cuando todavía la organización corría a cargo de otra marca publicitaria. Para mí sería mi estreno, y la excitación nacía no sólo del viaje, ni del tiempo de antelación de la decisión sino de la distancia, todavía larga aunque ya superada en el último año. Así que como digo, desde mayo pusimos rumbo a Donostia.
Partimos el viernes y un viaje pasadísimo por agua sería el preludio de lo que nos esperaba en la ciudad donostiarra. Lejos de poder desconectar de la carrera – aunque nunca fue nuestra intención –  todo comenzó con un presagio del ambiente con el que nos encontraríamos durante el fin de semana, cuando recién llegados a la recepción del albergue, pasó una pareja a nuestro lado recibiendonos con un enérgico: “más runners van llegando”. Cruzamos con ellos una media sonrisa, nos acomodamos en la habitación y dejamos que la cama nos atrapara. A descansar, que el día había sido largo y el viaje más. ‘Dónde quedarán las clases de lengua y de matemáticas de esta mañana’, pienso mientras empiezo a soñar.

El sábado amaneció con un sol tan reluciente y tan esperanzador como engañoso, ya que únicamente duraría hasta el mediodía, y nosotros amanecimos madrugadores y dispuestos a rodar como primera tarea del día. Salimos por los alrededores del albergue, por el monte, por el parque Otxoki y, ¡qué acierto! Desde arriba, con el solazo que nos recibió el día, se podía disfrutar de toda una panorámica del mar de fondo y en el horizonte las siluetas del Monte Ulía, del Igueldo, de la Catedral, del Ayuntamiento, el casco viejo… y dentro de un paraje natural más propio del monte que de la ciudad. Precioso y muy recomendable. Apenas rodamos 20 minutos muy lentos, estiramos y listos después de una ducha. El trabajo estaba hecho, las piernas despiertas y la circulación en movimiento.

Durante el estiramiento un señor que había salido a caminar se paró a charlar con nosotros, el ritual había empezado. Nos preguntó si correríamos mañana, nos compartió su “curriculum atlético” de antaño (28 Behobias, 17 maratones entre Madrid, Barcelona, San Sebastián…, 20 Kms de Madrid, etc), nos reímos un rato con su amabilidad y charla cercana y nos deseó la suerte de los “korrikolaris”, ya que según él, Edu tenía pinta de ello. Él sabía que no le defraudarían sus expectativas de diablo, del que sabe más por viejo que por diablo.

En el desayuno empezó otro ritual, el previo a las carreras pero con la diferencia de comenzar no una hora sino un día antes. A lo mejor a alguien le suena: te cruzas con una, dos o tres personas mientras te acercas a pedir y en esos apenas dos segundos ya has hecho la radiografía completa: zapatillas, facciones de la cara, “este tío me suena”, en su forro polar pone “Azuqueca”, algún cuchicheo con el compañero… vuelta a mirar… está claro, corren, correrán y pese a estar a muchos kilómetros de casa venimos a los mismo e incluso nos conocemos. Está claro, empezó el ritual.

Una vez terminado el desayuno pusimos rumbo a la feria del corredor, donde las identidades ya no son un secreto y donde se respira la misma música, el mismo ambiente, los mismos stands, los mismos ritmos e incluso el mismo olor que en todas las de las citas numerosas. Así despachamos la mañana.

La tarde ya estuvo pasada por agua pero nada que no animen unos pintxos en el casco viejo, un paseo por el puerto y por La Concha, las primeras llamadas de compañeros del equipo que también están en la zona, y los primeros nervios después de pararnos en una pantalla gigante al lado del ayuntamiento donde resumen la edición de la carrera del pasado año.

Decidimos que lo mejor sería dar paso a la ceremonia de preparación de carrera e hicimos el plan del buen previsor: compra por si se nos hacía tarde y teníamos que cocinar en el albergue la cena – no teníamos ninguna intención de cenar de pintxos ni de acercarnos a fiestas de la pasta, etc. – , cómo llegar a la parada del tren más cercano previendo masificaciones en el trayecto hasta Irún desde donde salía la carrera, dónde dejar el coche para la ducha de mañana, en previsión también de que llovería y de que llegaríamos más que tarde, etc. Una vez todo previsto sólo nos quedó volver al albergue, preparar el dorsal, el chip, la mochila, las distintas opciones según amaneciese, tener a mano los plátanos y las galletas para el desayuno, cenar el consabido plato de pasta con tomate, y meterse en la cama con las suficientes nueve horas por delante para despertar sin sueño. De momento todo había salido a la perfección, sin haberlo planeado pero sí habiéndolo pensado sobre la marcha. ¿Lo mejor en estos casos, cuando la logística es compleja? Tenerlo todo claro y preparado para llegar a la carrera bajo de pulsaciones al haberte anticipado a los imprevistos.

Y así que amaneció el domingo. ¿Y qué amanecer? De noche, cerrado, oscuro, frío y lloviendo. ¡Qué gran comienzo!, ¡empiezan los nervios!… pero ¡qué ganas!. ¿Por qué tantas ganas si cada vez llueve más, si empieza a diluviar, si vamos en el tren como piojos en costura tronchándonos la espalda…? Será porque estamos contentos. Va a ser eso, y porque nos lo pasamos muy bien haciendo lo que nos gusta; va a ser eso. Lo del tren increíble, me río del metro de Madrid en hora punta pasando por el centro. Desde luego que ese olor a Reflex no se me olvidará en la vida.

Y así que llegamos a Irún. Y así que empieza la marea a calar, no solo la multicolor de los atletas, de los chubasqueros, de las zapatillas, sino la marea real, la del agua. Tremendo, ese diluvio que sabes que no va a parar y que llega un momento en el que decides que mejor tenerlo de tu parte antes que dejarte atrapar por él.
Comenzamos a cruzarnos con caras y saludos más que conocidos: Sergio Fernández Infestas, Depa… y decidimos empezar con la logística del ropero debajo de una gasolinera en la que nos refugiamos cientos de corredores. Edu salía 45 minutos antes que yo y ambos teníamos que dejar la ropa pronto, muy pronto, en los camiones del ropero – quizá la única pega de la organización, tener que dejar la ropa tan pronto – . Nos organizamos bien y mientras hacíamos dos viajes para aprovechar mejor el chubasquero/poncho que compartimos y que dejaríamos en la salida de recuerdo, comenzamos a disfrutar del ambientazo. Para quien haya vivido una San Silvestre Vallecana, es algo parecido, y eso que podía haber quedado deslucido por el día, pero no fue así.
Una vez cambiados y con lo puesto salimos a calentar con Depa o más bien a buscar refugio cerca de la salida, y encontramos otra pequeña gasolinera en la que yo entré para no quedarme fría, al fin y al cabo a ellos les quedaba media hora, pero a mí ¡1h17´para salir! Y quién me diría que aquí empezaría mi aventura.

Al acceder al pequeño establecimiento en el que se refugiaban entre 6 y 8 personas, según entré, me situé en un lugar libre y ya que le conocía, saludé a mi compañero de al lado: “¡Buenos días Martín!” y muy sonriente Martín Fiz me respondió: “¡Buenos días!, ¿llueve mucho todavía verdad?” Ahí estaba yo, hablando con Martín Fiz. En lo que él salió entró Carmelo de la Fuente, ese corredor conocido por sus extravagancias tales como correr desnudo, disfrazado de Jesucristo o, como en esta ocasión, como el Hombre de Cromagnon, así que ya que estábamos allí le ayudamos a poner el disfraz. Una vez compartidas las carcajadas consiguientes me di cuenta de que uno de los corredores que más animaban el cotarro en la gasolinera llevaba el dorsal 18777, siendo el mío el 18776, ¡para qué queríamos más!, ¿cómo entre 25.000 dorsales puedes llegar a coincidir en el mismo sitio con el inmediatamente posterior a ti? Y así que las risas no pararon hasta el momento de nuestra salida, con la ayuda de Belén, la empleada de la estación de servicio que muy amablemente nos la “regaló” como centro de operaciones y cobijo durante hora y cuarto que duró nuestra espera, eso sí entre risas, grandes del correr, etc.
En medio de todo esto Edu entró, se despidió de mí, nervioso, helado pero con muy buena cara, y habiendo sido saludado por Martín Fiz como quienes se conocen y se respetan. El mismo que se cambió, se preparó y calentó en el mismo lugar que yo y que todo hijo de vecino, sin privilegios de la organización, y humilde, muy humilde. Campeón del mundo.

Dieron la salida de los primeros (¡Vamos Edu, vamos, te vas a salir!)

y de las siguientes oleadas, hasta la de las 11:17, que era la nuestra. La de Pedro, la de José, mis compañeros de Barcelona, y de dorsal, la mía, la de 1797 atletas más. 1800 en cada oleada permitía correr sin problemas. Y es que la organización fue exquisita, no sólo por el ambientazo, que también; no sólo por el buen rollo, que también; no sólo porque estuvieran avisando e informando todo el tiempo por megafonía en varios idiomas, que también; no sólo porque no dejaran de animar ni un momento, que también; no sólo por la musicaza, que también; no sólo porque estuviéramos tan bien informados con tantos días de antelación, que también; no solo por el ropero, eficaz y rápido, que también… sino por el sistema de cajones de salida, de dorsales con colores, hora e información, y sistema de penalización si no corres donde te corresponde (5 minutos si sales de donde no te corresponde), algo que ayuda muchísimo para correr cómodamente pese a ser de la cola a la hora de tomar la salida. Mucho tendría que aprender la que siempre he considerado como una carrera muy bien organizada, la que más me gusta y es más especial para mí, la San Silvestre Vallecana. En esto, la 48 BSS se ha puesto por delante, al menos es mi opinión, aunque para mí la SSV siempre es la SSV.  Hecho este paréntesis vuelvo a la carrera, o mejor dicho la empiezo.

Llega mi momento, se acerca la oleada de las 11:17 y dorsal naranja, me incorporo con tranquilidad y me coloco en la 4ª línea. En la salida doy palmas, salto, bailo. Me desean suerte Pedro y José, mis compañeros barceloneses, y en eso que termina la cuenta atrás en euskera. Pulso el reloj, paso y pito por la alfombra y compruebo que mis piernas van tiesas, porque llueve tanto… y hace frío.
Salgo rápido, por debajo de 5 el primer kilómetro, y cuando cumplimos el 1º nos hemos unido a la liebre de 1h50´. Voy cómoda pero tengo claro que hay que hacer caso a las voces expertas de esta carrera que me han dicho que quien se pasa en la 1ª parte lo paga caro. Pedro va muy pendiente de mí y se lo agradezco pero aunque me encuentro muy bien yendo cómoda con el incomprensible 5 minutos el Km. de la liebre de 1h50´(si sigue así terminará en 1h40´) decido actuar con sangre fría y hacer caso de todos los consejos. Así que ralentizo el paso y me acuerdo de algo que Edu me dijo una vez: “Se me ha ocurrido en mi próxima maratón ir dedicando un kilómetro a alguien, de tal manera que se me haga más entretenido, dejando los últimos para quienes más quiero, y dejando el final para mí”. Así que allá voy. Los dos primeros, pensando en “cabeza, Elena, corre con cabeza” se los dediqué a Carlos Maratones y a Pytu, y después uno a uno hasta el final a numerosos colectivos y amigos a los que se lo iré comunicando, por aquello de compartir esos momentos bonitos. Fue precioso hacerlo así, la verdad. Y lo mejor es que se me pasó más rápido, sobre todo la subida del primer puerto.
A partir del 8 me fui dando cuenta de lo más impresionante de esta carrera, y lo mejor sin duda, el cómo anima la gente. Impresionante, sin palabras, emocionante. No hubo ni un solo tramo (quizás 50 metros en Rentería) en el que no hubiera alguien animando, en grandes cantidades, aplaudiendo, ¡gritando mi nombre, viéndolo en el dorsal!, con un “¡Aupa Neska!”, “¡Aupa Elena!”, etc. Te llevan aunque tú seas quien da los paso. Bajo el chaparrón, bajo el viento, bajo el frío. Con música, con carracas, con el coche abierto, con bebida. Me recordaba a las etapas de montaña más animadas de La Vuelta vistas por televisión.
Y así pasé el primer puerto, el de Gaintxurizketa, pasé los toboganes rompepiernas del 8 al 12, el llano interminable hasta el 15,5 y comencé el temido Puerto de Mirakruz. Ese kilómetro lo comencé con Ramiro, David y Mamen (antes ya había pasado Mar, Susana…) y lo terminé con Edu, ya que a él me lo dejé para este momento, para los momento más importantes y los más duros. Y así que subí, aunque si he de ser sincera me hubiera parado, no por la carrera sino para disfrutar de toda esa gente y para darles las gracias. ¿Cómo el público se puede emocionar tanto y animarte de esa forma sin conocerte de nada, sin unirle a ti ningún vínculo emocional, sin…? Sin palabras de nuevo.
Al coronar, feliz, miré el crono, después de mucho tiempo, y cual fue mi sorpresa, que después de haber ido a ritmo en los llanos y en las subidas, reteniéndome en las bajadas para no pasarme, habiendo subido decentemente, ahí estaba en 1h30´. Pero, ¡no puede ser! Si sólo me quedan 3 kilómetros y favorables… Lejos de dejar de sorprenderme levanto la mirada y veo al globo del principio, el de 1h50´, el que pensé que iba muy rápido y que ir con él me iba a fundir. Lo voy a pillar antes de llegar y eso me dice que lo he hecho bien, que hice bien en reservar y no emocionarme con que podía ir con él.
Bajo el 17 como una exhalación dedicándole el penúltimo kilómetro al equipo, llegó al 18 sabiendo que Gros tiende hacia arriba en un falso llano – este lo conozco bien de rodar por allí en otras visitas a San Sebastián ya que el hotel lo teníamos al lado -, ese que hace picar las piernas.

En el 18 pienso en quien le corresponde – y en Edu, que me resulta inevitable que no me acompañe en todos lo kilómetros – paso por el 19 y busco en el puente del Kurtxal a ver si le veo. Tiene buena cara, ya muy abrigado, me grita muchísimo: ¡VAAAAMMOOOSSS ELENA!, ¡VAAAMOOOSS!
Queda la recta, una recta interminable, me acerco, adelanto, como en el último puerto – que no dejo de adelantar -, me dedico a mí este último kilómetro, aplaudo, levanto los brazos, entro en meta, paro el crono (el que había olvidado desde la cima de Mirakruk) y sonriente lo miro. ¡¿Cómo?, ¿qué?! No sólo he bajado de 1h50´, he hecho 1h44´45”. Cuando me quiero dar cuenta estoy llorando de emoción. Nunca me había pasado esto, será del esfuerzo, será del carrerón, será de haberme sentido acompañada real e imaginariamente cada kilómetro. Será que correr tiene estas cosas y a veces estos regalos, no de marcas sino de experiencias.

Camino rumbo a la Plaza Guipúzcoa, recibo la medalla conmemorativa como si hubiera quedado la primera, y vuelvo al ritual, esta vez de llegada. Cada cosa me lleva dos minutos, si llega: dejo el chip, cojo la bolsa del avituallamiento – estupenda, por cierto -, recojo mi mochila y me dirijo despacio y feliz hacia el punto de encuentro “E” como teníamos previsto. Allí me busca entre tanta gente, con la mirada, Edu, nos encontramos, me fotografía orgullosos, nos abrazamos, nos besamos y le enseño el crono. ´¡Joe!´, me dice con una sonrisa. ´¿Y tú?´,le pregunto yo. “Pues me he puesto, me he puesto… y he bajado de 1h8´, 1h7´24”. ´Madre mía´, le digo yo. Eufóricos vamos a cambiarnos, hacemos por encontrarnos con Cristina, con quien hablamos de la carrera, cogemos avituallamiento que hay por toda la plaza y nos despedimos dando cuenta de la barra libre de caldo caliente. Esto es organización, servicios al corredor, etc. Esto, y aunque no sea en lo que más me fijo de una carrera, en parte justifica el desembolso del dorsal.

Lo de después, quien haya experimentado la sensación del triunfo personal, ya lo sabe. Satisfacción, deseo de compartirlo con la gente que quieres (ahora con un smartphone y una tarifa de datos es suficiente), no dejar de comentar cada detalle con tu pareja si además es compartido, ducharte como si hubieras corrido 20 kms en unas condiciones climatológicas muy adversas y con un perfil duro 😉 y disfrutar de una buena sidrería donostiarra mientras sabes que antes de volver a la rutina diaria todavía te quedan varias horas de viaje, que lejos de hacerse pesadas son una prolongación de tiempo perfecto para seguir disfrutando de las sensaciones que te ha dejado el fin de semana.

En fin, que la idea de este blog nunca fue el de “cronista” de una carrera, pero este fin de semana ha sido la excusa. La excusa perfecta para redescubrir una ciudad que ya conocía.

Publicado en Sin categoría | 7 comentarios

A golpe de reloj y de zapatilla

“¡Elena, pero si no tienes más horas en el día!”, “¡Ay, pero me apetece tanto…!” Así empiezo esta aventura, porque llevaba tanto tiempo queriendo escribir sobre dos de mis grandes pasiones, correr y viajar, que cualquier día es bueno para empezar. El reloj ya ha cogido satélite, las gomas del pelo están bien colocadas, los cordones bien atados… empiezo. ¡Preparados!, ¡listos!, ¡ya!

Publicado en Sin categoría | 2 comentarios